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1500 Millas y ya estamos en Venecia

El Onas frente a San Marco en Venecia

A principios de junio recalábamos de noche en la bahía de Maó, Menorca y fondeábamos en silencio en cala Teulera con la duda de si quedarnos unos días a

Ciñiendo hacia Maó

esperar vientos favorables. Una baja presión en el sur del Mediterráneo imponía un régimen de vientos de levante, contrarios…
Al día siguiente comprobamos que no valía la pena esperar. Después de llenar gasoil y comprar una ensaimada, dejamos atrás la Mola ciñendo a rabiar. No podíamos hacer rumbo directo a Cerdeña pero navegamos todo el día aceptablemente rápidos y cómodos y pescamos, Iupi !!!. De madrugada el viento roló hasta poder poner proa a destino e incluso soltar un poco las escotas. Con las últimas luces del día entramos en la bahía de San Pietro, en el suroeste de Cerdeña.

Nos quedamos un día en Carloforte para dejar pasar las lluvias y comprobaremos que el régimen de vientos de levante se interrumpía para dejar paso a …. un temporal de mistral!!. Aún no lo sabíamos, pero esta sería la tónica de toda la travesía hasta Venecia: Vientos débiles y contrarios alternados con temporales de poca duración. Nada sorprendente en realidad, muy Mediterráneo.

Con mistral, por fuerte que sea, se puede navegar bien por el sur de Cerdeña y disfrutaremos de los fondeaderos desiertos y las aguas turquesas alrededor de Capo Zafferano y Capo Spartivento pero hubo que rizar la mayor, izar la trinqueta y ponernos la ropa de agua para cruzar el golfo de Cagliari con vientos de fuerza 7.

Capo carbonara con fuerza 7

Al día siguiente dejamos atrás Cerdeña con las últimas latigazos del temporal y fuerte marejada que fue dejando lugar a una mar de fondo bastante incómoda. Un par de días más tarde recalamos con la mar en calma en la remota isla de Ustica. Esta pequeña isla sólo ofrece protección con muy buen tiempo. Por eso no desaprovechamos la oportunidad de parar cuando es posible. Disfrutamos de los fondos marinos de la isla, nos unirnos a la «passeggiata» ritual de la noche y cenamos en el puertecillo bajo la luna llena. Un lujo.

Continuamos viaje aprovechando al máximo las ventolinas para navegar a vela y tirar de motor sólo cuando las calmas persistían. Estoy convencido, un velero rápido y buen ceñidor como el nuestro es la mejor opción para navegar por el Mediterráneo. Hicimos escala en Palermo, una de mis ciudades preferidas. Desgraciadamente

Atún!

Atún!

dediqué el poco tiempo disponible en cambiar una válvula del váter… ecs…Continuamos hacia las islas Eólicas hasta fondear en Panarea y disfrutar de la puesta de sol sobre el majestuoso Stromboli en erupción.

En las últimas guardias nocturnas de esta etapa zárpamos, después de cenar al pie del Vulcano, hacia el estrecho de Messina para llegar con las primeras luces del día. Aunque estábamos en mareas vivas lo encontramos en su versión más benigna, con corriente moderada a favor, sin mucha ola ni «bastardi», los grandes remolinos. Las últimas horas del viaje navegamos bajo el imponente Etna humeante hasta entrar en el puerto de Catania, una escala habitual del Onas donde tenemos perfectamente localizado el mercado, la lavandería, el chiringuito del gas, la gasolinera …

Remontando el mar Adriático

El día indicado una nueva tripulación, con nuevos ánimos y expectativas embarcaba para llevar el Onas hasta Venecia. No hubo que esperar mucho, las previsiones meteorológicas anunciaban una nortada importante y queríamos llegar al estrecho de Otranto antes de que se desatara … zarpamos esa misma noche navegando con marejada y cambios de viento que nos hicieron maniobrar a menudo. El estrecho de Messina nos recordaba su presencia en la lejanía. El resto de travesía, al socaire de la bota, fue muy tranquila hasta entrar en el golfo de Taranto donde tuvimos, por fin, vientos favorables.
Parecía que podríamos llegar al Adriático antes que el temporal pero era poco probable que pudiéramos ir más allá de Otranto que no es un puerto seguro con vientos fuertes del norte … De madrugada se desvanecieron las dudas: Se había deshecho una de las costuras horizontales de la vela mayor y había que reparar.

Lecce

Entramos en el puerto de Santa María di Leuca, justo a las puertas del mar Adriático.
Aprovechamos los tres días de temporal para conocer mejor la Puglia y la Basilicatta. Fuimos a Alberobello y Locorotondo donde la prohibición feudal de construir hizo que sus pobladores se las ingenian para edificar los Truli, sólidas y curiosas casas de piedra seca. Cenamos y pasearemos por Lecce, una monumental ciudad barroca y nos bañamos en las aguas turquesas del golfo de Taranto. En Matera nos encontramos paseando por una insólita ciudad medieval excavada en las fallas de un profundo cañón.

Disfrutaremos de esta larga e imprevista parada pero hubo que suprimir escalas y hacer largas tiradas para recuperar estos días. Así son las travesías por mar, no se pueden hacer muchos planes. Es fácil no poder pasar por los lugares que teníamos previstos o que descubramos lugares que ignorábamos forzados por las exigencias de la navegación.

 

 

El Onas fondeado en las Islas Tremiti

Entramos en el Adriático ciñendo contra los restos del temporal con una previsión de vientos flojos y contrarios para los próximos días. Sin embargo, bien pegados a la costa italiana, pudimos navegar bastante a vela aprovechando el régimen de brisas y recalar en las islas Tremiti. Lo que sólo era un pequeño punto improbable en las cartas se fue convirtiendo en unas frondosas islas que desprendían un agradable olor de pino y resina.

La siguiente tirada nos llevaría hasta Venecia, sin escalas. Se acercaba un nuevo episodio de lluvias y queríamos llegar antes. Hubiera preferido hacer las últimas millas en etapas diurnas. El norte del mar Adriático es un poco complicado: hay poca

La Serenisima república

profundidad, el gran delta del Po, muchas plataformas petrolíferas y un intenso tráfico mercante. Además, en las últimas millas los rayos iluminaban, amenazantes, el horizonte nocturno. Todas las pesadumbres se desvanecieron al enfilar el canal de San Marco con las primeras luces del día y navegar por delante del lugares vistos tantas veces en libros, revistas y postales: el puente de los suspiros, el Gran Canal, el palacio ducal, la plaza de San Marcos, las torres, la punta de la Dogana ….

El camino ha sido largo, lleno de aventuras y de conocimiento. Nos hemos escapado de los monstruos y hemos entrado de madrugada en puertos que nuestros ojos no conocían. Venecia nos ha regalado el viaje y, si no sabios, suficientemente maduros, ya casi sabemos que significan las Ítacas …

Golfo de taranto

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