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Barcelona-Niza

“Deixar que passin coses.

Fer-te permeable a l’atzar, permetre el joc.

No imposar-te, donar-te, estar”

Martí Sales

 
Como cada año en mayo alternamos las salidas de primavera con las últimas preparaciones de nuestro velero para la inminente temporada de verano. Los próximos cuatro o cinco meses el Onas navegará miles de millas, pasará cientos de noches al ancla o en alta mar y acogerá decenas de tripulaciones. Es necesario que todos los sistemas estén revisados, tener todas las herramientas y repuestos necesarios y comprar todos los productos que no podremos encontrar fuera de casa. Este año hemos ido un poco más de culo de lo habitual porque que las reformas realizadas en la cabina de popa se han alargado hasta bien entrada la primavera.
A mediados de mayo tuvimos una avería a media travesía hacia Baleares, hubo que olvidarse de nuestros bonitos planes y volver a puerto, con una previsión meteorológica incierta, a vela y con muy poco viento. Una vez en tierra pudimos reparar en pocas horas y volver a zarpar. Saber superar una situación delicada en alta mar es importante, hacerlo con alegría y buen humor es brutal. Gracias Ana, Gloria, Amadeu, Albert y Ia por convertir una salida frustrada en un fin de semana inolvidable. Fué entonces cuando Gloria nos recordó estos versos de libro “Principi d’incertesa” de Martí Sales y que tan bien definen el ánimo con que deberíamos emprender un viaje por mar.

 

Llegó el momento de zarpar hacia Sicilia, nuestro destino de verano, que representó una cierta liberación. A partir de entonces sólo habría que navegar y cuidar del velero y de nuestras tripulaciones …

Esta vez empezamos el viaje con apacibles singladuras costeras que permitieron a los nuevos tripulantes habituarse a la vida a bordo y conocer la maniobra poco a poco. Navegamos hacia el norte por el Maresme y la Costa Brava hasta Blanes, fondeamos en Port Lligat y el Port de la Selva y llegamos a Port Vendres ciñendo a una tramontana moderada. Después de hacer una excursión al bonito pueblo de Cotlliure emprendimos la travesía del golfo de León con dos largas bordadas, hasta Sète y hasta Marsella, para poder navegar a vela a pesar de los vientos contrarios.

A última hora del domingo entramos en el Puerto Viejo de Marsella, cansados después de dos días de ceñida pero dispuestos a conocer la ciudad y dormir a pierna suelta … y volvíamos a salir un rato más tarde con el rabo entre las patas. Sorprendentemente, no había ni un solo amarre libre… al parecer esperaban los lujosos veleros de una regata con nombre de reloj caro …. (grrrr ….). Fuimos a guarecernos al puerto de la cercana isla de Frioul, rancio y medio abandonado.

Al día siguiente nos olvidamos de Marsella y continuamos el viaje hacia las Calanques donde pudimos disfrutar de fondeaderos protegidos, aguas transparentes y tranquilidad bajo los impresionantes acantilados blancos.
Pasamos los siguientes días navegando hacia el norte por la Costa Azul y, por las noches, fondeando en calas más o menos salvajes o puertos glamurosos, en función de una meteorología plenamente primaveral. Los más valientes se bañaron en Porquerolles, en las islas Hyeres y la tormenta de cada tarde nos permitió disfrutar de un hermoso y solitario paseo por ST Tropez sin botox ni lentejuelas a la vista.
Finalmente, con vientos favorables que nos permitieron izar el spi, navegamos hasta las Islas de los

Lerins donde disfrutaremos de un fantástico arroz negro (Gracias Xavi por la receta y los consejos!) fondeados al pie de Fort Royal (donde estuvo encarcelado el famoso «hombre de la máscara de hierro”) en la bahía de Cannes.
Ayer al mediodía, después de una corta navegación, recalamos en St Laurent du Var, cerca de Niza y la tripulación realizó, coordinadamente y con seguridad, las maniobras rutinarias antes de la entrada en puerto: enrollar el génova, bajar y doblar la mayor, poner las defensas, preparar las amarras … casi en silencio, ordenadamente, moviéndose con seguridad a pesar de la marejada … que distintos de los que hace sólo dos semanas embarcaban en Badalona !!!

Una vez duchados y perfumados hemos ido a pasear por la «promenade des Anglais” y cenado en la parte vieja de Niza para despedirnos de una travesía feliz. Gracias Tripu!!. A pesar de que en esta “Ruta de las ballenas» no hemos visto ni un triste delfín creo que todos nos llevamos buenas vivencias y recuerdos. Seguramente porque hemos sabido dejar que pasen cosas, hacernos permeables al azar, permitir el juego. No imponernos, darnos, estar…”

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