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Isole Toscane

 

Hace un mes que navegamos por las Islas Toscanas, un archipiélago de siete islas que se extienden entre la costa Toscana continental y el extremo norte de la isla de Córcega. Son muy poco conocidas en nuestro país y el turismo es casi exclusivamente italiano y familiar. Este año queríamos pasar una buena parte de la temporada en Cerdeña pero no nos apetecía sufrir las aglomeraciones y la “tontería” que se da en una buena parte de la isla durante el mes de agosto. En las Toscanas, aunque también hay bastante gente y barcos, hemos podido navegar y fondear con más tranquilidad. La meteorología ha sido bastante buena, a pesar de la presencia de los típicos anticiclones de agosto (los meteorólogos italianos les ponen nombre y todo ¡¡ Caligola i Lucifero !!), hemos tenido brisas costeras que nos han permitido hacer una buena parte de los recorridos a vela, el calor no ha sido excesivo y hemos podido fondear la mayoría de las veces en todas las islas a las que queríamos ir ( no hemos ido a Gorgona y Pianosa porque son aun prisiones ni a Montecristo porque es reserva integral).

Siempre que hemos podido hemos empezado los recorridos por la isla de Capraia, muy cerca de Córcega. Después de navegar toda la noche (atención con las barcas de la luz y los numerosísimos Ferris!!!) recalábamos en el único puertecito de la isla y si el grupo tenía suficientes energías hacíamos la fantástica excursión hasta las antiguas prisiones y las montañas que envuelven el único pueblo de la isla. Los días siguientes navegábamos hasta la isla de Elba, la más grande de todo el archipiélago para fondear en la bahía de Portoferraio, una preciosa y pequeña ciudad típicamente Toscana, subíamos a los pueblos de montaña de Poggio y Marciana, al pie del Capanne (1022m), visitábamos las mejores calas para el baño y el “dolcefarniente” o íbamos hasta Porto Azzurro. Normalmente hacíamos entonces la travesía hasta el continente, hasta Grosseto, una ciudad amurallada, para degustar la gastronomía toscana o hasta Talamone para fondear a pie del castillo Sienés. También tirábamos el ancla en alguno de los pueblos a pie del Monte Argentario, al sur en Porto Ercole o al norte en Santo Stefano.

Navegábamos hasta la isla de Giglio y nos acercábamos al Costa Concordia. No nos gusta visitar desastres y menos si son marítimos, pero hay que reconocer que la visión del buque embarrancado y escorado tan cerca del puerto es realmente impresionante. Desde la bahía de Campese subíamos en autobús al Castelo, el antiguo pueblo fortificado por la corona de Aragón en la cima de la montaña.

La última isla Toscana que visitábamos era la de Gianutri, casi deshabitada, sin vehículos motorizados y con un fondeo muy precario pero muy bonito. El mejor sitio para bucear y para hacer pequeñas excursiones hasta los restos de la villa romana de cala Maestra y el faro de Capel Rosso. Desde allí navegábamos hasta el pueblo de veraneo de Santa Marinella para acabar el viaje al día siguiente en el puerto de Ostia, en la orilla der rio Tiber.

Estamos contentos con la elección. Es un viaje intenso en el que hay que navegar bastantes horas cada día, y levantarse pronto a menudo si queremos sacar todo el jugo a un territorio con miles de años de historia pero bastante verde y natural. Hemos podido navegar bastante a vela, hemos visto delfines tortugas, y hasta ballenas

 

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