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Tres meses por los golfos argosarónicos y las islas Cícladas

A finales de junio recalábamos en Marina Zea, en el Pireo, después de realizar las travesías desde Barcelona hasta Grecia. Iniciábamos una estancia de casi tres meses en el mar Egeo. Nos esperaban once semanas en que zarparíamos para navegar por las islas Cícladas, los golfos Sarónico y de l a Argòlida, la costa este del Peloponeso y volveríamos cada vez a nuestra base en el Pireo.

Es una zona que conocemos muy bien y en la que los recorridos han variado sobre todo en función del Meltemi, el viento estival del norte. El Meltemi, que significa anual en griego, puede ser bastante fuerte, habitualmente hasta fuerza 6 a 7 , a veces más, y afecta sobre todo el Egeo central, es decir las islas Cicladas. Con más de 25 nudos de viento es difícil bañarse y disfrutar de las calas y de la vida a bordo. En estos casos preferimos no ir a las Cícladas y alargar nuestro recorrido por el golfo de la Argólida … no tan famoso pero mucho más verde y auténtico, es una zona que nos gusta mucho, poco recorrida por los veleros y que tiene un turismo casi exclusivamente griego.
El primer día recibíamos el grupo a las diez de la mañana, este año íbamos muy justos en los cambios. Desde las cuatro de la tarde hasta las diez de la mañana del

cabo Súnion

Cabo súnion

día siguiente había que baldear la cubierta, limpiar los interiores, preparar la ropa sucia para la lavandería, hacer la compra (Por eso amarramos siempre al pantalán G de Marina Zea, el más cercano al gran supermercado, sólo hay que jugarse la vida cruzando la calle con dos carros sobresaturados), recoger la ropa de la lavandería y hacer las camas !!!! ufff …. por eso hemos estado tan estrictos en las horas de desembarque y menudo todavía no estábamos del todo a punto a la hora de embarcar.

Una vez instalados y hechas las explicaciones necesarias zarpábamos hacia el mediodía rumbo a cabo Súnion, si el meltemi no era demasiado fuerte. Esta primera etapa suele ser muy agradable ya que navegamos a sotavento del Ática muy confortablemente. Súnion es un lugar mítico para el turismo por la famosa puesta de sol tras el templo de Poseidón.

Serifos

Serifos

Al día siguiente zarpábamos hacia las islas Cícladas occidentales, una vez fuera de la protección del cabo la marejada se dejaba sentir con toda su potencia y había que navegar, a menudo con mayor rizada y trinqueta hasta Kithnos. Solíamos recalar en el pequeño puerto de Loutra, al NE de la isla. Estas islas pueden decepcionar un poco a primera vista: Son absolutamente minerales, escarpadas y no tienen nada de vegetación, pero si hacemos el esfuerzo subir a la “Chora”, el pueblo encalado, de callejones estrechos y encaramada a la parte más alta de la isla para protegerse de los piratas, descubriremos algunas de las postales más bonitas de Grecia y un modo de vida que casi ha desaparecido.
Tras pasar la mañana en alguna de las calas de la costa occidental de kithnos continuábamos nuestro periplo hasta la gran bahía en el sur de la isla de Serifos y fondeábamos al pie de la chora, una de las más espectaculares de las Islas Cícladas .
Al día siguiente zarpábamos al amanecer hacia el oeste, rumbo al golfo Sarónico en la singladura más larga de este recorrido, hasta la isla de Hidra en la que

Hidra

Hidra

recalábamos en las primeras horas de la tarde.

Cuando considerábamos que el meltemi era demasiado fuerte para poder disfrutar de la navegación y de la vida a bordo hacíamos dos largas singladuras aprovechando el viento a favor hasta el golfo de la Argólida. Solíamos llegar a la protegida bahía de Koliadia, que acoge una nutrida flota pesquera y una gran tortuga marina que nos visitaba puntualmente.
Al día siguiente cruzábamos con el viento por el través el golfo de la Argólida hasta Leonídion, un pueblo agrícola al pie de las altas montañas del Peloponeso, auténtico y absolutamente fuera de los circuitos turísticos.
Nuestra próxima escala era Spetses, la isla de los pinos, para hacer un baño, visitar una impresionante cueva semi sumergida y hacer noche si el tiempo estaba tranquilo o continuar hasta Porto Heli “el Portocolom del Peloponeso” si necesitábamos un fondeadero seguro y tranquilo en cualquier situación.
Continuábamos nuestro recorrido hacia el norte hasta la desierta isla de Dhoka habitada sólo por cabras, burros y caballos donde podíamos hacer una bonita excursión hasta las pequeñas ermitas y disfrutar de los fondos marinos. La otra opción era ir a la famosa isla de Hidra.
El puerto de Hidra es muy pintoresco, en la isla no hay tráfico motorizado, todo el transporte se hace lomos de burros y caballos y la arquitectura tradicional, con los caserones de los grandes armadores y piratas, ha creado un espacio único. Pero en julio y agosto está saturado de turistas y se llena literalmente hasta el último rincón con barcos, patroneados menudo por chapuceros, fondeados en segundas y terceras filas … para nosotros un sufrimiento mayúsculo. La solución ha sido a menudo fondear en la tranquila cala de Molos e ir en “Taxi acuático” hasta el pueblo.

El viento suele acelerar en el largo canal que se forma entre Hidra y las montañas del Peloponeso, es aquí donde hemos tenido las rachas más fuertes de viento, pero también hemos disfrutado mucho, ganando millas a barlovento, bien pegados a la costa para evitar la mar gruesa y pendientes de las rachas que bajan montaña abajo.
Si no había demasiado mar fondeábamos cerca del islote de Gali en un fondo de arena blanca, con aguas turquesas, uno de los mejores lugares para bucear con gafas y tubo de toda la zona. Si había calmas incluso nos quedábamos a pasar la noche.
Otro punto obligado de paso en este recorrido, a menudo tanto a la ida como a la vuelta, es la bahía de Poros. Enfilábamos el

Angkistri

estrecho canal que separa la isla del Peloponeso (la palabra “poros”, agujero pequeño, proviene de aquí) disfrutando de la vista de uno de los pueblos más bellos de Grecia. Fondeábamos en alguna de las calas de la gran bahía y, al atardecer, nos enfilábamos en la torre del reloj para ver la puesta de sol. A menudo íbamos a cenar en la taberna de Spiros, pintor local, bohemio y pícaro, que nos trata casi siempre muy bien.
Si el grupo quería y el tiempo lo permitía recalábamos el pequeño puerto de Epidauro. Durante los meses de julio y agosto se celebra en el antiguo teatro griego, famoso por su acústica perfecta, un festival en que se representan obras de teatro clásico. El lugar, al atardecer, es una maravilla y sentarse en el mismo lugar donde hombres y mujeres como nosotros disfrutaron de la misma obra hace más de más de dos mil quinientos años es absolutamente cautivador.

Epidauro

La otra opción era fondear en Angkistri, al sur de la isla hay una cala resguardada del viento del norte, perfecto para fondear bajo pinar con un cabo en tierra, otro lugar para disfrutar del baño y el buceo.

La última escala de estos viajes lo hemos hecho casi siempre en la isla de Eguina. Llegábamos bien preparados para ser retratados por María, sus fotos serán un buen recuerdo de la mayoría de los viajes de este verano. Alquilábamos uno de los coches destartalados de Kostas e íbamos a hacer un baño en la costa norte de la isla, tomábamos una cervecita en la playa de Souvala y cuando el calor aflojaba subíamos al templo de Afaia. Por su soledad y situación, sobre el mar en medio de un pinar, es para mí, uno de los templos más bonitos y agradables de visitar, sobre todo con la luz de la tarde.
Si aún quedaban energías atravesábamos los campos de pistachos y ascendíamos por las rocas de Palaiochora, la ciudad Bizantina abandonada, para disfrutar de la puesta de sol sobre el istmo de Corinto con las montañas del Peloponeso a un lado y las del Ática al otro. Mientras las islas e islotes del golfo Sarónico iban desapareciendo en la oscuridad.
En la última singladura del viaje navegábamos de Eguina al Pireo con una parada para hacer el último baño en las minúsculas islas Laguses si la meteorología lo permitía.

Estamos contentos de cómo ha ido la temporada. Hemos tenido bastante buen tiempo, hemos podido navegar mucho a vela y disfrutar de la vida a bordo. Además de conocer un poco mejor un país en el que siempre nos sentimos muy a gusto y que esperamos siga siendo tanto auténtico y acogedor como siempre.
En estos momentos estamos empezando ya la travesía de vuelta a casa

templo de Afaya, Eguina

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